jueves, 17 de septiembre de 2015

Diario de Maira (1)

Algo está ocurriendo, hay una cierta intranquilidad en el aire. Mezclada con un tenso silencio. Y he oído algún que otro rumor que me hace temer lo peor. Los caminos ya no parecen tan seguros, y las gentes de los pueblos cercanos se encierran en sus casas al anochecer.

Como para confirmar mis sospechas, un destacamento de soldados con distintivos del norte apareció hace dos días en Silfant. Y por lo que he podido averiguar, informaron al gobernador de la ciudad de que estaban allí para entrenar sobre el terreno, y de que pasarían varias semanas por la zona, con su base de operaciones en el Valle de los Diez.

Y un cuerno. Uno no atraviesa tantos territorios para entrenar a un puñado de soldados. Y menos aún se instala en ese valle maldito. Aquí está pasando algo gordo. Y grave. Y probablemente tenga que ver con las tumbas. Me huelo problemas.

Mañana iré al valle e intentaré colarme en el campamento para averiguar lo que traman esos soldados. Rezo a los dioses para que mis temores sean infundados.

Y para no encontrarme con esas estiradas de la orden...

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Carta a Belthan

Belthan:

Temo que las nuevas que encuentres en el norte no hagan sino confirmar lo que sospechábamos.

Ayer mientras nos dirigíamos al oeste, mi acompañante recibió un mensaje de sus hermanas de la orden lo suficientemente grave como para volver a la taberna sin demora y escribirte esta carta. Parece ser que el destacamento de soldados que salió del norte hará veintitrés días reapareció cerca de Silfant hace dos. Aunque probablemente ya sepas eso. Lo que quizás desconozcas es que bajo pretexto de maniobras militares y entrenamiento especial, se han dirigido al Valle de las Diez Espadas y han establecido allí su campamento. Y ya sabes lo que hay allí: las tumbas del rey Makthar y de los Diez. Ambos sabemos que no es ninguna casualidad, aunque en todos los canales impere la normalidad más absoluta. No me queda más remedio que investigar más a fondo y pasar a la acción de ser necesario. Sé que en el mejor de los casos solo podré retrasarlos, pero por ahora el tiempo es nuestra mayor baza en esta partida, así que tendrá que bastar. Por ahora.

Antes de partir de nuevo con mi acompañante he de pedirte perdón, pues he roto la promesa que te hice y he sacado tu espada del lugar donde reposaba. Espero que comprendas el porqué de mis acciones. Sí, acciones, pues después de sacarla la he llevado al Lago del Ayer. Sé que estarás molesto por ello, pero si la situación es la que nos tememos, no nos va a quedar otro remedio que volver a empuñar nuestras armas. Y sé que en tu estado actual serías incapaz de ello, por eso la he llevado al lago. Sé que no tengo derecho ni puedo obligarte a ir a buscarla, pero sabes tan bien como yo que te necesitamos, y que estas tierras te van a necesitar.Y el único modo es enfrentarte a tus demonios en el lago, perdonar a tu espada y perdonarte a ti mismo. Que el viejo Belthan vuelva de nuevo. Sé que puedes, tengo fe en ti viejo amigo.

Ah y no te preocupes por mí, de camino a Silfant le haré una visita a Maira. Quizás con su ayuda logre hacer algo más que retrasarlos, ya que dudo que la orden vaya a querer inmiscuirse ayudándome.

Hasta que vuelva cuida bien de la taberna, actúa con normalidad y no le digas nada a nadie. Y si puedes, tantea al muchacho. Sí, al muchacho, el de la mesa del fondo. No pongas esa cara que estoy seguro que estarás poniendo. Las piezas se mueven, y lo necesitaremos a él también.

Que las sombras te guarden,

Kels

PD: Espero que te hayas acordado de la llave de la taberna que te di, conociéndote eres capaz de meterte por el hueco de la chimenea y poner todo perdido de hollín.
PD2: Solo tantear. Recuerda que el muchacho porta una pesada carga, y aunque le ayudaremos con ella, por ahora es mejor no presionarle.
PD3: Y cuenta alguna historia a los clientes en mi ausencia, no quiero regresar a una taberna vacía.

martes, 15 de septiembre de 2015

Tabernero improvisado

Buenos días a todos, y antes de que digáis nada sí, soy Belthan. Supongo que os estaréis preguntando dónde está Kels y la razón por la que la taberna estuvo cerrada ayer. Por vuestras caras deduzco que no sabéis quién es Kels. Es el tabernero, el dueño de este lugar, el que nos ha estado contando una historia todos los días. Ahora que hemos aclarado ese punto, pasemos al siguiente.

Todos recordaréis la noche en la que Kels contó la segunda parte de mi historia. Pues bien, un rato después de marcharos y justo cuando yo mismo iba a irme, vino a la taberna una.... Dioses, ni siquiera recuerdo cómo las llama Kels. Se supone que son una especie de orden formada únicamente por mujeres, que tiene su sede en el oeste, cuya misión es importante y de la que no tengo absolutamente ni idea.

La cosa es que aquella noche vino una de aquellas mujeres, con bastante prisa y una cara bastante seria todo hay que decirlo. Y es una pena, porque tenía unos rasgos bastante atractivos. Pero lo realmente importante es el mensaje que traía. No puedo desvelaros su contenido, sin embargo se trataba de algo lo suficientemente urgente como para que esa misma noche, Kels tuviera que marcharse precipitadamente al oeste con aquella mujer, y yo tuviera que partir al norte para hacer algunas indagaciones. Se suponía que hoy debíamos ponernos en contacto por los canales habituales, pero no he sabido nada de él, lo cual resulta extraño. Así que he vuelto a la taberna esperando encontrar algo, una nota, un mensaje, una pista, o incluso a él mismo como si nunca se hubiera marchado. Obviamente estaba cerrada, así que he tenido que entrar por la chimenea. Habría resultado divertido de no haber sido porque justo cuando ya casi estaba dentro, he recordado que Kels me dio una llave de la taberna hace tiempo.

Sí lo sé, me paso la vida encerrándome en celdas, colándome en casas equivocadas y entrando por la chimenea en lugares de los que tengo la llave. Ahora que ya nos hemos reído todos, continuaré.

Cuando por fin me he limpiado como buenamente he podido de mi travesía por la chimenea, he buscado por toda la taberna alguna señal de Kels, pero ha sido en vano, no he encontrado nada. Y justo en ese instante han empezado a entrar clientes, y no me ha quedado otro remedio que hacer de tabernero improvisado. Luego habéis llegado vosotros, sus asistentes habituales, y me habéis mirado como si un dragón hubiese defecado en mi cara y yo lo hubiese encontrado lo más normal del mundo. Pues siento haberos desilusionado, pero Kels no está, y hasta que regrese yo lo sustituiré. Las malas noticias son que lo mio no es contar historias. Las buenas noticias son que va a seguir habiendo bebida y comida. Y de todos modos Kels sabe arreglárselas solo, así que no os preocupéis por él, ya volverá. Ahora dejad que os invite a una ronda.

Solo espero que se marchen pronto, así podré leer la carta que ha dejado Kels.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Belthan y la joven de Vhyritria (Segunda parte)

En alguna ocasión me han dicho que mis historias (o al menos la mayoría de las que cuento) tienden a ser trágicas, o a tener un final demasiado triste o cruel. Pocas veces recuerda la gente que yo no soy su artífice, me limito simplemente a contar lo que ha ocurrido, lo que fue, y lo que a veces aún es. Si queréis culpar a alguien culpad a la vida, o a vosotros mismos y a vuestros actos, pues son los que acaban llevando a esos finales tan trágicos. Un día llega alguien y te pide todo ilusionado que cuentes una bonita historia. Demonios, incluso he tenido alguna preciosa muchacha que me ha preguntado si sabía alguna romántica. Y antes las contaba, hace mucho tiempo. Pero las historias más bonitas son muchas veces las más tristes, todo lo que podría haber sido y nunca fue, ni será. No tiene sentido elevar las expectativas para luego estrellarlas sin remedio. Por eso ya solo cuento estas historias. Quién sabe, quizás algún día una persona me vuelva a convencer para volver a ser lo que fui. Pero hasta entonces, estas serán mis historias, y este seré yo.

Ah, ahí estáis. Bien, pensaba que ya no vendríais con esta tormenta. Veamos, si mal no recuerdo ayer os prometí que os contaría la segunda parte de la historia de Belthan y esa joven de Vhyritria. Pues poneos cómodos y prosigamos.

Dejamos a nuestro querido amigo en las calles de Medialuna perseguido por casi toda la guardia de la ciudad y una muchedumbre del barrio bajo. Y como ya os dije, hizo lo único que podía mejorar esta historia, que no fue ni más ni menos que dirigirse al Castillo Viridano. 

Veréis, en la cabeza de Belthan aquello era una idea brillante, pues el camino que lleva a él es estrecho, tiene muros a ambos lados y multitud de árboles en su lado exterior. Así que en teoría aquello serviría para frenar o incluso atascar a sus perseguidores, y a la vez le brindaría la oportunidad de esconderse. La parte no tan brillante del plan fue que no se le ocurrió cómo reaccionaría la guardia real al ver una turba inmensa dirigiéndose al castillo. 

Cuando la guardia real informó al rey de que la guardia de la ciudad y una gran cantidad de ciudadanos furiosos se dirigían hacia allí, cundió el pánico. El rey temió que se tratase de un intento de derrocarlo, así que hizo poner a salvo a su mujer y a su hija, mientras pedía su armadura y su espada y ordenaba que se despertase, buscara o avisase a todo hombre capaz del castillo para formar frente a la puerta principal. Así que imaginaos la cara de Belthan cuando de pronto parte de la guardia real sale del castillo y baja por el camino hacia él mientras detrás sus perseguidores no se rinden. Si alguna vez os metéis en algún lío con él, procurad no seguirle, creedme. 

Volviendo a la historia, viendo que no tenía salida, gritó precisamente aquello que más temía oír la guardia real, que fue que lo ayudasen, que aquella muchedumbre enfurecida venía a matar al rey. Así que se dirigieron hacia ella desenfundando sus armas mientras aconsejaban a Belthan que se refugiase en el castillo y avisase a la guardia del interior. Cosa que hizo mientras guardia real, guardia de la ciudad y elementos del barrio bajo chocaban. 

Si alguna vez habéis estado en Vhyritria y habéis escuchado hablar del incidente de "los quince minutos de la vergüenza", se refiere precisamente a este incidente, en el que durante quince angustiosos minutos Vhyritria luchó contra Vhyritria. Por suerte solo hubo unas cuantas docenas de heridos, pero ningún muerto. Al cabo de esos quince minutos a alguien de aquella masa batalladora se le ocurrió preguntar por qué estaban luchando, y aquella pregunta caló en todos los presentes, deteniendo la lucha. En menos de dos minutos todos se habían puesto al día, y reanudaron la persecución de Belthan, con la guardia real sumándose a ella, pues temían que fuera un asesino que hubiera aprovechado la confusión para colarse y matar al rey. 

Creo que el castillo nunca tuvo a tanta gente en su interior como aquella noche. Fue bastante divertido. Por desgracia no tanto para Belthan, atrapado dentro de un castillo y con media Vhyritria en su interior buscándole. Mientras intentaba encontrar sin mucho éxito un lugar en el que esconderse, acabó entrando en la habitación en la que estaban escondidas la reina y su hija, la princesa. E imaginad la sorpresa de Belthan cuando ve a la reina abrazando y protegiendo a la joven con la que horas atrás él había estado paseando y conversando por la ciudad. 

Sí caballeros, Belthan se había fijado ni más ni menos que en la princesa cuando esta había decidido escaparse del castillo y dar una vuelta por la ciudad vestida como una ciudadana más. Como es lógico tanto él como la princesa se sorprendieron bastante al ver al otro allí, pero no tuvieron tiempo de decir nada, pues la reinó gritó pidiendo auxilio temiendo que las intenciones del pobre Belthan no fueran precisamente buenas. Y ahí estaba otra vez él, huyendo por pasillos, escaleras y más pasillos. Pero nuestro amigo no podía defraudarnos, y una vez más, y para deleite de todos nosotros, tomó la decisión más ridícula, que sin embargo acabó por salvarle la vida. 

Veréis, estando donde estaba, y totalmente rodeado y atrapado, solo se le ocurrió pensar en qué sitio no lo buscarían nunca y esconderse allí. Sí amigos, Belthan, en un alarde de inconsciencia, estupidez y brillantez, fue derechito a las mazmorras, abrió una de las celdas y se encerró dentro. Dado que la guardia real es la única con acceso a las mazmorras y apenas se fijan en sus inquilinos, no se fijaron en él, y siguieron buscando. Esa fue la única parte de su plan que funcionó. 

Por desgracia no se le ocurrió pensar cómo escaparía, y estuvo veinte días a pan y agua en aquella celda, hasta que la princesa, que resultó ser una chica mucho más inteligente y sorprendente de lo que Belthan se había imaginado, ató cabos e imaginó que se habría ocultado allí. A partir de ahí digamos simplemente que la princesa lo sacó de la celda, y que a la larga también del castillo, aunque permaneció varios días con ella en secreto. 

Ah el amor. Y lo que pasó entonces, bueno, eso solo lo saben ellos.

Y esa es la historia de Belthan y la princesa. Bueno, una parte. Supongo que os preguntaréis cómo pasó de estar en Vhyritria viviendo una historia de lo más bonita con la princesa a estar aquí en esta taberna con nosotros. Bueno, solo puedo deciros que nada es tan simple como pensáis ni que todo es lo que parece. 

Todos nosotros formamos parte de una historia aún mayor, y que él esté aquí ahora se debe tan solo a que se están empezando a colocar todas las piezas de esta partida.

Pero no os preocupéis y tomad otra ronda para alegrar esas caras, al fin y al cabo aún nos quedan muchos días. Y muchas historias.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Belthan y la joven de Vhyritria (Primera parte)

A veces las historias más tristes y dolorosas no son aquellas que quedan atrás. Ni aquellas que permanecen ocultas. No. A veces basta con una historia que sabes que se está desarrollando en algún sitio muy lejos de ti, de la que preferirías no saber nada, pero de la que sabes demasiado, y al mismo tiempo de la que desearías poder cambiar a todos los protagonistas. Pero no, en esa historia soy tan solo un figurante con el papel de daño colateral. Ojalá me hubiese mantenido al margen, al menos seguiría siendo un mero espectador suicida.

Oh disculpadme, estaba enfrascado en mis pensamientos y no os he escuchado entrar. La verdad es que no esperaba que vinierais en uno de vuestros días libres, pero supongo que tenéis ganas de otra historia y por eso habéis venido. Bien, veamos pues. Creo que hoy dejaré a un lado las historias habituales y os contaré una más animada. No me mires así Belthan, si no perdieras la cabeza por cada mujer hermosa que ves no acabarían pasándote estas cosas y no acabarías como protagonista de una de mis historias. Y sí, es esa precisamente la que voy a contar. Empecemos.

Hace ya un tiempo, nuestro amigo Belthan aquí presente vivía en la capital del norte, Vhyritria. Allí se encuentra también por cierto el Castillo Viridiano, hogar de la familia real. En aquella época Belthan se hacía llamar por otro nombre, y residía en el barrio alto rodeado de nobles estirados. 

Sé lo que estáis pensando: ¿Belthan un noble y rico ciudadano de Vhyritria? Digamos simplemente que llegó a esa posición mediante métodos y vías poco convencionales, sin embargo en ningún momento hizo nada realmente reprobable o terrible. Pero ya lo conocéis, sigue siendo Belthan. Y como no puede ser de otro modo, quiso un día el azar que se cruzase en el mercado con una joven preciosa, de esas que al verlas te dejan sin respiración y sin palabras. Nuestro amigo quedó prendado de su belleza al instante, y se acercó a ella para... Bueno, eso solo lo sabe él. Digamos simplemente que parecieron conectar, y tras un paseo que comenzó en el mercado y se alargó por toda la ciudad, ella acabó por excusarse, pues tenía que marcharse. Pero no lo hizo sin antes informarle de dónde vivía e invitarle para que se pasase algún día. 

Quiso el destino que fuera una casa del barrio alto, muy próxima a la de Belthan. Y dado que la paciencia no figura entre las virtudes de nuestro querido compañero, decidió hacerle una visita ese mismo día. Así que compró un ramo de flores y se dirigió a su casa. Lo normal habría sido llamar a su puerta y presentarse como buen caballero, pero dado que él no es precisamente alguien normal, decidió sorprenderla trepando hasta lo alto de la casa, y colarse en el interior por la terraza superior. Todo habría ido bien si no hubiera sido por un par de pequeños detalles sin importancia. El primero era que aquella terraza daba a las habitaciones principales, habitaciones que como todos sabréis comunican con el cuarto de baño. El segundo, bueno, que aquella no era la casa de la joven del mercado, como pronto descubrió Belthan. 

Justo cuando se disponía a salir de las habitaciones en busca de su nuevo amor, la puerta del baño se abrió detrás de él, y salió una mujer que iba tapada únicamente por una toalla. Por desgracia aquella mujer no era la joven. Y como es lógico, gritó. Y siguió gritando. De haber sido cualquier otra casa probablemente podría haber escapado sin muchas dificultades, pero aquella casa no era precisamente una más. Quiso el destino, la mala suerte, o simplemente el sentido del humor de la joven, que aquella casa fuera la del capitán de la guardia. Y aquella mujer gritona que tan poco dejaba a la imaginación, era su esposa. 

Así que nuestro amigo salió tan rápido como pudo de las habitaciones, bajó de tres en tres las escaleras hasta el piso inferior y salió de aquella casa por la puerta. Las dificultades vinieron cuando al poco de salir Belthan, salieron tras él el capitán de la guardia y otros oficiales que se encontraban en la casa en una comida informal. Obviamente los oficiales gritaron en todas direcciones para que los guardias que patrullaban el barrio alto acudiesen y ayudasen a perseguirlo. 

Dado que el barrio alto no era el mejor sitio para esconderse, y no podía regresar a su casa mientras lo persiguieran, decidió dirigirse al barrio bajo, pasando por el mercado. No fue uno de tus planes más brillantes, ¿verdad? Al atravesar el mercado todos los guardias allí presentes se unieron a la persecución, y lo que es aún peor, el barrio bajo como todos sabéis tiene a un tercio de la guardia patrullando sus calles. Así que allí estaba el pobre Belthan, corriendo por las laberínticas calles del barrio bajo con tres cuartas partes de la guardia de la ciudad tras él. Por desgracia en el barrio bajo no solo hay guardias, sino toda clase de elementos poco recomendables. Y cómo no, adivinad quién tenía con ellos tratos que no cumplió o deudas no saldadas. 

Pero esperad, ahí no acaba la cosa. Tiempo antes de eso, cuando Belthan se convirtió en noble, decidió acercarse a todos los burdeles del barrio bajo y ofrecer a sus chicas una gran suma para que dejasen aquella vida y se instalasen en Medialuna, un barrio bastante bueno de clase media. Las chicas como es obvio se tomaron aquello como un insulto, y las madames de los burdeles montaron en cólera. Pues bien, elementos poco recomendables, sicarios, chicas y madames, todos ellos se unieron a la guardia en pos de Belthan. 

¿Creéis que la historia no puede mejorar? Pues esperad. Belthan se pasó cerca de una hora corriendo por el barrio bajo con una turba de todo tipo que llenaba las calles tras él, y al ver que allí no podría darles esquinazo, se dirigió a Medialuna. Al llegar se metió corriendo en el primer edificio que había y cerró la puerta tras él. ¿Sabéis qué edificio era ese? Uno de los tres cuarteles de la guardia. Habría dado un año de mi vida por ver la cara de Belthan cuando creyéndose a salvo, se dio la vuelta y se encontró frente a otro montón de guardias que lo observaban desconcertados. 

En fin, como es lógico al ver aquel panorama, volvió a abrir la puerta y salió corriendo...., con la poca guardia que aún no lo había estado persiguiendo, persiguiéndole. Así que allí estaba él, con prácticamente toda la guardia de la ciudad y otra buena parte de los elementos más notables del barrio bajo tras él. ¿Y qué hizo nuestro amigo Belthan? Lo único que podría mejorar aún más esta historia: dirigirse al Castillo Viridiano.

Vaya, mirad qué tarde se ha hecho ya. El tiempo vuela cuando cuentas historias. Por desgracia hay asuntos que debo atender, así que si os apetece escuchar la segunda parte de esta historia y ver qué más le pasó al pobre Belthan, venid mañana.

Os prometo que no os arrepentiréis.

viernes, 11 de septiembre de 2015

La Muralla Carmesí

Si mal no recuerdo creo que ayer alguno de vosotros me preguntó por qué a la Muralla Carmesí se la llama así. Os conté que el muchacho fue quien la concibió y quien supervisó su construcción. Lo que no os conté fue que ese no es su nombre original, y que el que recibe en la actualidad deriva de un conflicto tan terrible que acabó con la muralla rebautizada y su antiguo nombre completamente olvidado. Lo realmente gracioso es que nadie sabe tampoco el porqué de su nombre actual. Bueno, puede que casi nadie...

Todo se remonta a unos cuantos años atrás. Supongo que todos recordaréis el famoso incidente de los tributos. Dejaré esa historia para otro día, pero a raíz de aquel incidente se produjo un levantamiento contra el rey por todas las tierras. Aunque hubo también quien se posicionó junto al rey en su defensa. La mayoría de la gente piensa que aquel asunto se solucionó mediante diplomacia cuando las bajas de ambos bandos fueron demasiado grandes, lo que condujo a la abolición de aquellos tributos. Pero no fue así. 

El levantamiento a favor y en contra del rey afectó a todas las tierras, y se movilizaron dos enormes ejércitos que acabaron encontrándose y chocando en la muralla, que por aquel entonces recibía el nombre de Muralla del Alba. A un lado los hombres del rey, los señores que lo apoyaban y sus ejércitos, al otro sus detractores, entre los que había quienes simplemente lo odiaban y quienes se oponían al tributo por considerarlo abusivo. Durante una hora no se movió ni un alma, y tan solo el sonido de la respiración de todos los presentes interrumpía el tenso silencio. Pero al cabo de esa hora, un lord opositor al rey lanzó sus fuerzas contra la muralla, quizás por codicia, quizás por odio, quizás por justicia. O quizás azuzado por alguien que permanecía en un segundo plano. La cuestión es que aquella acción bastó para que ambos ejércitos pareciesen cobrar vida y se lanzasen el uno contra el otro. Arqueros disparando desde la muralla, catapultas destrozando los muros y almenas, cargas de caballería por doquier, y miles de soldados luchando a pie frente a la muralla. La lucha era de una intensidad tal que hacía vibrar la tierra y todo cuanto había en ella. Incluso noso... Cof Cof.  Disculpadme. Como decía, incluso los soldados sentían sus entrañas vibrar, y el ruido era completamente ensordecedor. Tras varias horas, la lucha parecía no decantarse hacia ninguno de los dos bandos, y todos temían que se prolongara toda la noche. Sin embargo tuvo un final tan repentino e inesperado como su comienzo.

Aquí he de hacer un alto, pues si bien todas las versiones de esta historia comienzan igual, sus finales difieren ampliamente. En una de ellas se dice que al llegar la noche, los ejércitos estaban tan agotados que ambos bandos decidieron entablar negociaciones que resultaron fructíferas, y que aquello supuso el final de la batalla. En otra se habla de la absoluta victoria de las fuerzas reales sobre aquellos que se habían levantado contra el rey. Pero hay una tercera versión más oscura y con dos finales.

Veréis, en esa versión se menciona que justo frente a la muralla había un pequeño pueblo que se vio metido de lleno en el conflicto. Era muy pequeño, tanto que ambos bandos lo consideraron irrelevante, y fue arrasado conforme la batalla avanzaba. Nunca se supo cuál de los bandos fue el responsable, si fue una flecha incendiaria perdida, si fue una catapulta y el zoquete responsable de ella, o si la causa fue otra. Pero el pueblo fue completamente arrasado, y todos y cada uno de sus habitantes murieron. Todos salvo uno: una niña pequeña. Cómo sobrevivió es un misterio, pero lo cierto es que lo hizo, y mientras la batalla se desarrollaba a su alrededor, ella permanecía inmóvil entre las ruinas de las casas, entre los cuerpos quemados. Nadie le prestó atención, y la batalla continuó y continuó. Hasta que justo cuando la luna llena iluminaba el campo de batalla, un llanto detuvo todos los combates. Se trataba de la niña, ahí en medio, entre muertos y ruinas, llorando.

Los que de algún modo conocen esta versión suelen contar que el llanto de esa niña conmovió aquellos corazones beligerantes, y que de ese modo todos decidieron volver a sus casas avergonzados de lo que habían hecho y de las muertes que habían causado. Sin embargo hay una segunda versión. En ella, cuando la niña dejó de llorar, su rostro reflejaba una única cosa: ira. Y con toda esa ira, gritó dos palabras a los ejércitos que la contemplaban: "os odio". Tras decir eso echó a correr y desapareció. Lo que ocurrió a continuación fue simplemente...., una masacre. Todos y cada uno de los soldados de ambos bandos murieron violentamente al mismo tiempo. Todavía no está claro qué o quién los mató, pero toda su sangre tiñó la tierra y la muralla. Esa misma versión dice que solo dos personas escaparon a esa masacre: la niña y uno de los hombres que participaban en la lucha.

Y esa es la historia de la Muralla del Alba, rebautizada como Muralla Carmesí por la sangre que tiñó sus muros y almenas. O al menos una de sus historias con sus diferentes versiones. Quién sabe cuánto hay de verdad en ello, al fin y al cabo son tan solo historias. Pero dado que veo algunas caras pensativas y algunas otras horrorizadas, iré a por más bebida. Creo que os vendrá bien.

Me pregunto qué habrá sido de aquella niña. Aún no he podido olvidar su rostro crispado de ira....

jueves, 10 de septiembre de 2015

El muchacho

Supongo que todos vosotros, y sobre todo los habituales, os habréis fijado en el muchacho de la mesa del fondo. No habla nunca, no se mueve de la silla. Todas las mañanas ocupa esa mesa, siempre la misma, y hace un gesto con la cabeza para que le llene un vaso que siempre está ahí. El resto del día lo pasa observando brevemente a todo el que entra y devolviendo su atención al vaso, como si de algún modo quisiera desentrañar algún secreto que este tuviera. Pero cuando el último cliente sale por la puerta y llega el momento de cerrar, en ese preciso instante apura el vaso de un solo trago, y se pierde en la oscuridad de la noche. Hay quien dice que lo ha visto en plena madrugada dirigirse al lago del ayer. No me miréis así, sé perfectamente las historias que se cuentan sobre ese lago. Demonios, yo mismo he contado casi todas esas historias. Aunque quizás me haya guardado una o dos. Y quizás las comparta con vosotros algún día. Quién sabe, puede que descubráis que vuestros temores son infundados. O puede que no. De todos modos esas son historias para otro día.

Volviendo al muchacho, se dicen otras muchas cosas, como que lo han visto todas las noches mirando al cielo, o entrando y saliendo de los bosques como si tal cosa, o incluso he tenido a algún mercader itinerante que me ha jurado y perjurado que ese muchacho le había ayudado a arreglar su carro cuando este había sufrido algún daño. No sé qué hay de cierto en esas historias, pero sí se lo que hay en la del muchacho, al menos en parte. De hecho, me la contó él mismo, la única vez que le he visto hablar, y la única ocasión en la que lo he visto beberse dos vasos. No recuerdo los detalles concretos, pues el tiempo y la cantidad de historias que pasan por aquí han hecho mella en mi memoria, pero algo queda.

Parece ser que ese muchacho nunca tuvo claro el rumbo de su vida. Fue vagando de norte a sur y de este a oeste, haciendo de todo un poco aquí y allá, pero sin sentirse jamás realizado o a gusto. Buscó sin cesar un sitio al que llamar hogar, o un lugar en el que echar raíces y ser feliz, pero no lo encontró. Años y años de vagar lo convirtieron en alguien reservado, taciturno e introvertido. Para él la vida y el mundo no eran más que dos tonalidades de gris por las que esperaba pasar rápidamente, y cuyo fin deseaba con la misma rapidez. Hasta que un día algo ocurrió, no recuerdo qué, pero aquello lo cambió por completo. Se convirtió en alguien lleno de vida, alegre, y capaz como el que más. Fue mercenario durante un tiempo en las tierras que hay al sur, en las espesuras nubladas, pero un mercenario del tipo que ayuda a aldeas enteras y del que susurran su nombre con veneración. También viajó al norte y fue el responsable de la creación de la Muralla Carmesí, así como el responsable de la supervisión de su construcción. En las costas del Este inventó alguna clase de artilugio que permitía a los barcos de las aldeas costeras resistir las habituales y fuertes tormentas, lo que aseguró la pesca de la zona y salvó a muchas familias y a muchas tripulaciones de un funesto final. En el oeste.... Bueno, lo que ocurrió en el oeste es algo que no puedo contaros. Quizás os lo cuente él algún día si tenéis suerte. Yo hice una promesa, y esa historia no saldrá de mi boca.

Sea como sea, la cuestión es que el muchacho se convirtió en alguien famoso. No había nada que no pudiera hacer ni nada en lo que no destacase. Pero un día su estrella cayó, igual de rápido que se elevó. De algún modo el camino que por fin había encontrado, aquello a lo que se había consagrado en cuerpo y alma, terminó abruptamente. Tuvo que tomar una decisión. Pero dudó. Tuvo miedo. Y un solo instante de vacilación hizo que lo perdiera todo, incluso que se perdiera él mismo. Y ahora se pasa el día mirando a todos aquellos que pasan por esta taberna, imaginando sus historias y lo que haría él en su lugar. Y al final del día, como queriendo enterrar muy hondo esas posibles vidas que podría tener junto con su pasado, bebe de un trago un único vaso, terminando con un día más. Y empezando así con otro igual.

Y esa es su historia. Quizás esperabais más, pero eso es todo lo que tengo. O más bien todo lo que puedo contaros. Quizás su historia os sirva de algo, o quizás de nada. Puede incluso que solo haya servido como entretenimiento, pero haríais bien en no olvidarla. Todos tenéis una historia, y de vosotros depende el escribirla y el terminarla. Jamás lo olvidéis. Y ahora si me disculpáis tengo que subir unos barriles del sótano.

Y tú muchacho, ojalá algún día vuelvas a encontrar tu camino.