A veces las historias más tristes y dolorosas no son aquellas que quedan atrás. Ni aquellas que permanecen ocultas. No. A veces basta con una historia que sabes que se está desarrollando en algún sitio muy lejos de ti, de la que preferirías no saber nada, pero de la que sabes demasiado, y al mismo tiempo de la que desearías poder cambiar a todos los protagonistas. Pero no, en esa historia soy tan solo un figurante con el papel de daño colateral. Ojalá me hubiese mantenido al margen, al menos seguiría siendo un mero espectador suicida.
Oh disculpadme, estaba enfrascado en mis pensamientos y no os he escuchado entrar. La verdad es que no esperaba que vinierais en uno de vuestros días libres, pero supongo que tenéis ganas de otra historia y por eso habéis venido. Bien, veamos pues. Creo que hoy dejaré a un lado las historias habituales y os contaré una más animada. No me mires así Belthan, si no perdieras la cabeza por cada mujer hermosa que ves no acabarían pasándote estas cosas y no acabarías como protagonista de una de mis historias. Y sí, es esa precisamente la que voy a contar. Empecemos.
Hace ya un tiempo, nuestro amigo Belthan aquí presente vivía en la capital del norte, Vhyritria. Allí se encuentra también por cierto el Castillo Viridiano, hogar de la familia real. En aquella época Belthan se hacía llamar por otro nombre, y residía en el barrio alto rodeado de nobles estirados.
Sé lo que estáis pensando: ¿Belthan un noble y rico ciudadano de Vhyritria? Digamos simplemente que llegó a esa posición mediante métodos y vías poco convencionales, sin embargo en ningún momento hizo nada realmente reprobable o terrible. Pero ya lo conocéis, sigue siendo Belthan. Y como no puede ser de otro modo, quiso un día el azar que se cruzase en el mercado con una joven preciosa, de esas que al verlas te dejan sin respiración y sin palabras. Nuestro amigo quedó prendado de su belleza al instante, y se acercó a ella para... Bueno, eso solo lo sabe él. Digamos simplemente que parecieron conectar, y tras un paseo que comenzó en el mercado y se alargó por toda la ciudad, ella acabó por excusarse, pues tenía que marcharse. Pero no lo hizo sin antes informarle de dónde vivía e invitarle para que se pasase algún día.
Quiso el destino que fuera una casa del barrio alto, muy próxima a la de Belthan. Y dado que la paciencia no figura entre las virtudes de nuestro querido compañero, decidió hacerle una visita ese mismo día. Así que compró un ramo de flores y se dirigió a su casa. Lo normal habría sido llamar a su puerta y presentarse como buen caballero, pero dado que él no es precisamente alguien normal, decidió sorprenderla trepando hasta lo alto de la casa, y colarse en el interior por la terraza superior. Todo habría ido bien si no hubiera sido por un par de pequeños detalles sin importancia. El primero era que aquella terraza daba a las habitaciones principales, habitaciones que como todos sabréis comunican con el cuarto de baño. El segundo, bueno, que aquella no era la casa de la joven del mercado, como pronto descubrió Belthan.
Justo cuando se disponía a salir de las habitaciones en busca de su nuevo amor, la puerta del baño se abrió detrás de él, y salió una mujer que iba tapada únicamente por una toalla. Por desgracia aquella mujer no era la joven. Y como es lógico, gritó. Y siguió gritando. De haber sido cualquier otra casa probablemente podría haber escapado sin muchas dificultades, pero aquella casa no era precisamente una más. Quiso el destino, la mala suerte, o simplemente el sentido del humor de la joven, que aquella casa fuera la del capitán de la guardia. Y aquella mujer gritona que tan poco dejaba a la imaginación, era su esposa.
Así que nuestro amigo salió tan rápido como pudo de las habitaciones, bajó de tres en tres las escaleras hasta el piso inferior y salió de aquella casa por la puerta. Las dificultades vinieron cuando al poco de salir Belthan, salieron tras él el capitán de la guardia y otros oficiales que se encontraban en la casa en una comida informal. Obviamente los oficiales gritaron en todas direcciones para que los guardias que patrullaban el barrio alto acudiesen y ayudasen a perseguirlo.
Dado que el barrio alto no era el mejor sitio para esconderse, y no podía regresar a su casa mientras lo persiguieran, decidió dirigirse al barrio bajo, pasando por el mercado. No fue uno de tus planes más brillantes, ¿verdad? Al atravesar el mercado todos los guardias allí presentes se unieron a la persecución, y lo que es aún peor, el barrio bajo como todos sabéis tiene a un tercio de la guardia patrullando sus calles. Así que allí estaba el pobre Belthan, corriendo por las laberínticas calles del barrio bajo con tres cuartas partes de la guardia de la ciudad tras él. Por desgracia en el barrio bajo no solo hay guardias, sino toda clase de elementos poco recomendables. Y cómo no, adivinad quién tenía con ellos tratos que no cumplió o deudas no saldadas.
Pero esperad, ahí no acaba la cosa. Tiempo antes de eso, cuando Belthan se convirtió en noble, decidió acercarse a todos los burdeles del barrio bajo y ofrecer a sus chicas una gran suma para que dejasen aquella vida y se instalasen en Medialuna, un barrio bastante bueno de clase media. Las chicas como es obvio se tomaron aquello como un insulto, y las madames de los burdeles montaron en cólera. Pues bien, elementos poco recomendables, sicarios, chicas y madames, todos ellos se unieron a la guardia en pos de Belthan.
¿Creéis que la historia no puede mejorar? Pues esperad. Belthan se pasó cerca de una hora corriendo por el barrio bajo con una turba de todo tipo que llenaba las calles tras él, y al ver que allí no podría darles esquinazo, se dirigió a Medialuna. Al llegar se metió corriendo en el primer edificio que había y cerró la puerta tras él. ¿Sabéis qué edificio era ese? Uno de los tres cuarteles de la guardia. Habría dado un año de mi vida por ver la cara de Belthan cuando creyéndose a salvo, se dio la vuelta y se encontró frente a otro montón de guardias que lo observaban desconcertados.
En fin, como es lógico al ver aquel panorama, volvió a abrir la puerta y salió corriendo...., con la poca guardia que aún no lo había estado persiguiendo, persiguiéndole. Así que allí estaba él, con prácticamente toda la guardia de la ciudad y otra buena parte de los elementos más notables del barrio bajo tras él. ¿Y qué hizo nuestro amigo Belthan? Lo único que podría mejorar aún más esta historia: dirigirse al Castillo Viridiano.
Vaya, mirad qué tarde se ha hecho ya. El tiempo vuela cuando cuentas historias. Por desgracia hay asuntos que debo atender, así que si os apetece escuchar la segunda parte de esta historia y ver qué más le pasó al pobre Belthan, venid mañana.
Os prometo que no os arrepentiréis.
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